CALDERÓN constituye la sexta entrega de una práctica teatral que se inició con Ad libitum. Esta pieza se articula en torno a 3 estructuras: la primera de ellas es el verso de Calderón de la Barca, cuyas palabras siguen resonando en nuestro mundo actual. En segundo lugar, un dato histórico -el dogma de la Inmaculada Concepción- que desencadena la causa al que fue sometido Calderón contra la inquisición. Por último, mi búsqueda de un lenguaje teatral que entiendo, no solo como un proceso formal, sino como un interrogante continuo.
"Yo sueño que estoy aquí destas prisiones cargado, y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son", monólogo de Segismundo en La vida es sueño.
La realidad se presenta como un concepto problemático, como una alucinación. Lo que ocurre sobre el escenario invita al público a construir una realidad a través de un juicio ficticio basado en un episodio de la vida de Calderón de la Barca, en el que uno de sus autos sacramentales fue censurado por la Inquisición.